lunes, 30 de noviembre de 2020

TODO SOBRE LA RESILIENCIA

 

TAREA 3: Resiliencia:

RAFAEL JEREZ ANERA

1.      Elabora tu propia definición de resiliencia, basado en la documentación.

  

El término resiliencia es un recurso extraordinario, cuando se nos agotan las fuerzas, perdemos el norte, no sabemos que hacer ante un determinado problema en nuestras clases, en la pedagogía que utilizamos con nuestros alumnos. En ocasiones, ante determinados alumnos perdemos la esperanza, la ilusión, lo vemos todo negro…, absorben nuestra energía, es como si agotarán nuestra savia, como si de un árbol se tratara. Hay personas tóxicas, enfermas, con trastornos o no, que nos consumen por dentro. Pues bien, este término implica una capacidad para volver hacia adelante. La resiliencia no se limita a resistir lo que nos echen,  permite la reconstrucción de nuestra savia, de nuestros nutrientes, de las sales minerales que hacen brotar nuestras ramas, nuestras hojas, nuestros pensamientos, ideas, estrategias, metodologías para enfrentarnos a una temporal donde los pensamientos del otro y sus acciones nos traen lluvia, granizo y muchas veces inundaciones o tornados que acaban con todo lo que teníamos preparado para una clase, para una intervención.

 

La resiliencia intenta promover procesos que relacionen al individuo con su ambiente, educativo, familiar y social, ayudándole a superar la adversidad y el riesgo. Estos procesos internos permiten al individuo adaptarse al ambiente ya sea escolar, familiar y social y tener una mejor calidad de vida. El enfoque de la resiliencia surge a partir de los esfuerzos de entender las causas y evolución de las psicopatologías. Por ejemplo, trastorno negativista desafiante, trastorno impulsivo intermitente, trastornos graves de conducta, trastornos del espectro autista, trastorno bipolar, etc.

 

Después de escribir estas definiciones a partir de las vivencias que estoy viviendo, sintiendo y sufriendo en las aulas y en las caras de mis compañeros que se enfrentan a la adversidad en el día a día, voy a referirme a distintas definiciones que me gustan y complementan esta idea de resiliencia.

 

Por ejemplo aquella que define el concepto como:

 

a)      La resiliencia implica que el individuo es afectado por la adversidad y es capaz de superarlo y salir fortalecido de las situación, lo cual  supone un proceso que puede ser desarrollado y promovido.

 

b)      La resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, esto es, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión; por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad para construir un conductismo vital positivo pese a circunstancias difíciles (Vanistendael, 1994). Según este autor, el concepto incluye, además, la capacidad de una persona o sistema social de enfrentar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.

 

c)      La resiliencia es un proceso, un conjunto de fenómenos armonizados, en el cual el sujeto se cuela en un contexto afectivo, social y cultural. Es el arte de navegar en los torrentes. (Cyrulnik, 2002).

 

d)      La resiliencia se manifiesta como y proceso de acción sistémica en el que intervienen diferentes factores para promover el desarrollo integral del adolescente, a pesar de sus condiciones de vida difíciles. La resiliencia es un continuo, es un proceso  que refuerza las opciones y oportunidades de otras personas mediante la aplicación de sus capacidades y recursos internos para enfrentarse a situaciones de riesgo, o que pongan en  peligro su desarrollo, superarlas, mejorar su calidad de vida y hacer posible sus proyectos de futuro. Muñoz Garrido (2013). El sentido se construye en nosotros, a través de nuestro pasado y de nuestro futuro, con la historia y con los sueños, pero si la cultura no pone a nuestro alrededor lazos afectivos que nos emociones y nos permitan componer los recuerdos, la privación de afectao y la pérdida de sentido nos dejan solos.

 

2.      Aplicaciones del concepto en el aula hospitalaria.

 

a)      Cuando intervenimos con alumnado que están escolarizados en aulas hospitalarias, en un hospitales de día, en atención domiciliaria Cuando trabajamos directamente con alumnado que presentan enfermedades degenerativas, terminales o muy graves. Cuando nos enfrentamos a alumnado con diferentes trastornos graves o muy graves que requieren una hospitalización puntual o crónica dependiendo de la patología o psicopatología.

 

b)      Este alumnado no puede realizar actividades normales en un ambiente familiar, escolar y social normalizado sino que el ambiente con el que conviven es otro bien distinto, el hospitalario, o el relacionado con él. Tienen que esforzarse en buscar un sentido a la vida, tienen que enfrentarse a la adversidad de una enfermedad ó de una situación complicada, aislados muchas veces de su entorno familiar.

 

c)      La mayoría de los autores que hacen referencia en la literatura al concepto de resiliencia hacen referencia no sólo a individuos, también a grupos familiares y comunitarios. Por eso podemos diferenciar diferentes tipos de resiliencias que también existen en el ámbito hospitalario.

 

Debemos de trabajar la resiliencia en todos los implicados en las aulas educativas y hospitalarias. Como los profesionales sanitarios y los profesores, los familiares y los profesionales que trabajan directamente o indirectamente en el centro hospitalario, centros de días, atención domiciliaria.

 

Cada persona debe o debería tener una formación personal en todos estos aspectos, pero no siempre nos enseñan en los centros educativos. Aunque consideramos, este conocimiento prioritario para la interacción entre los diferentes colectivos y profesionales.

 

Desarrollar a cualquier edad:

- la autoestima,  

- el conocimiento y posibilidades de cada uno,

- la responsabilidad,

- la reparación de daños y sufrimientos causados,

 es abonar el terreno para el surgir de la resiliencia.

Si se nutre de esta nueva reorientación del pensamiento y la acción, contribuiremos a que los profesionales y la sociedad miren a las personas, las familias y los grupos humanos en situaciones de dificultad desde una corriente de solidaridad social y humanitaria que promueva este cambio.

 

 

En lo individual se acentúan rasgos positivos como la capacidad de amar y comprometerse, la valentía, la competencia interpersonal, la sensibilidad estética, la perseverancia, el perdón, la originalidad, la espiritualidad, la sabiduría y el sentido del humor.

 

En cuanto al grupo se recuperan las virtudes cívicas e institucionales que hacen evolucionar al individuo hacia una responsabilidad ciudadana, hacia la educación, el altruismo, la moderación, la tolerancia y la ética profesional.

 

             Los tipos de resiliencia serían los siguientes:

- Resiliencia Individual: un individuo, en su carácter personal sobrepasando un hecho traumático, aunque mantenga algún cuerdo, queda fortalecido.

- Resiliencia Familiar: capacidad de una familia de superar un reto traumático como una unidad, utilizando todas las bases en las que forjaron su familia (afección, religión, disciplina, comunicación).

- Resiliencia Social o Comunitaria: participa el círculo social cercano a la persona o grupo que ha vivido el evento estresante.

La resiliencia grupal desarrolla la capacidad innata de resistir la destrucción, complementada por la habilidad de aprender de lo sucedido y buscar como convertir la crisis, en una oportunidad de crecimiento. (procesos sociales e intra-psíquicos que hacen posible, tener una vida sana viviendo en un medio insano.) Por ejemplo, cuando tenemos que aceptar una enfermedad, una pérdida, un trauma, una situación inexplicable que nos supera y que no podemos afrontar fácilmente.

Para la construcción de la resiliencia desde las escuelas y las aulas, Henderson y Milstein (2005), se han centrado en los seis pasos proponiéndolos desde dos objetivos básicos  mitigar los factores de riesgo en el ambiente y construir la resiliencia.

 

Los diferentes profesionales deberían aprender a construir la resiliencia siguiendo estos pasos con sus pacientes y con su alumnado. Esta forma de afrontar la adversidad es una forma de afrontar cómo debe ser la interacción en el aula y de afrontar los problemas cotidianos que puedan surgir en función de las circunstancias de cada caso.

Los profesionales deben de aprender a aprender, comprender,  buscar recursos y estrategias metodológicas de intervención entre sus pacientes y alumnado.

Para mitigar los factores de riesgo los profesionales han de :

-          Enriquecer los vínculos.

-          Fijar límites claros y firmes.

-          Enseñar habilidades para la vida.

Para construir la resiliencia proponen:

- Brindar afecto y apoyo.

- Establecer y transmitir expectativas elevadas.

- Brindar oportunidades de participación significativa.

 

De acuerdo a las investigaciones de Werner (1982, 1989) y Garmezy (1993) los cuatro aspectos que ayudan a promover comportamientos resilientes serían:

- Características del temperamento, en las cuales se observan un adecuado nivel de actividad, capacidad reflexiva y capacidad de respuesta ante los demás.

- Capacidad intelectual del sujeto y su utilización positiva.

- Naturaleza de la familia, cohesión familiar, ternura y preocupación por el bienestar infantil.

- Disponibilidad de fuentes de apoyo externo, como profesionales sanitarios o educativos o instituciones como la escuela para ayudarles a superar dificultades.

Losel (1994) en sus estudios propone que entre los recursos más importantes con los que cuentan los niños resilientes se citan:

-          Contar con una relación emocional estable al menos con uno de los padres o bien con alguna persona significativa.

-          Disponer de apoyo social desde fuera del grupo familiar.

-          Vivir en un clima educacional abierto, y con límites claros.

-          Disponer de modelos sociales que motiven el enfrentamiento constructivo

-          Tener responsabilidades sociales adecuadas a su momento evolutivo, a la vez que exigencias  y motivación de logro.

-          Poseer competencias cognitivas, y al menos, un nivel intelectual medio.

-          Disponer de unas características temperamentales que favorezcan un enfrentamiento efectivo.

-          Haber vivido experiencias de autoeficacia, autoconfianza y contar con una autoimagen positiva.

-          Tener un enfrentamiento activo como respuesta a las situaciones y factores estresantes.

-          Asignar  significación subjetiva y positiva al estrés y al enfrentamiento a la vez que, contextualizarlo de acuerdo a las características propias del desarrollo.

Grotberg, elaboró (1996) un modelo para saber qué actitudes son necesarias para favorecer  en las personas su capacidad de recuperarse a la adversidad, tienen que ver con el ambiente social, los recursos personales y las habilidades sociales.

-          Ambiente social y facilitador: Yo tengo

-          Recursos personales: Yo soy/estoy

-          Habilidades sociales: Yo puedo

 

 Apoyándose en el modelo anterior y en el siguiente los profesionales deben trabajar todos estos aspectos con dinámicas de grupo, actividades individuales, arteterapia, formación personal grupal e individual, terapia individual y grupal.

La construcción de la resiliencia (casita)

La resiliencia abre vías de reflexión, como podremos ver con la representación gráfica de los diversos aspectos en relación a la resiliencia. Esta imagen ofrece a los educadores puntos de partida susceptibles de poder ayudarnos a estructurar nuestras prácticas.

La resiliencia es una construcción compleja que Vanistendael y Lecomte (2002) comparan con una pequeña casa que se construye con sólidos cimientos. Cada estancia representa un campo de intervención posible, para los que quieren contribuir a construir, mantener o reestablecer la resiliencia.

 

Se trata de sugerencias, que cada uno debe descubrir, debe actuar en función de cada caso.

 

https://www.facebook.com/icfelicidad/photos/a.524222667657057/3179094862169811/?type=3

 

Construyendo la casita de la resiliencia | Fina Trullàs

https://www.google.es/search?q=la+casita+de+vanistendael&sxsrf=ALeKk00iFRAGxjDgYc0tvNc4P4Q0352GjQ:1606734509082&tbm=isch&source=iu&ictx=1&fir=0Rcn9j7lOwPyBM%252C_95WrjTwIQa9hM%252C_&vet=1&usg=AI4_-kSfBpqJNDwpxFUdmqU-T6FBYHiyLQ&sa=X&ved=2ahUKEwiV2aW9kKrtAhUEJBoKHebdBQwQ9QF6BAgCED4&biw=1366&bih=568#imgrc=sLAJ7IZfRXh7eM

 

(Ver figura ). Adaptada de Vanistaendel (2002).

En primer lugar, en la casa debemos detenernos en el suelo donde está construida la casa. Se trata de necesidades básicas elementales.  

En segundo lugar, estarían los cimientos, la red de relaciones sociales. En el corazón de estas redes, se sitúa la aceptación profunda de la persona, no de su comportamiento. Entender esto, es de vital importancia.

Esta aceptación debe ser recíproca. No sólo el adulto acepta al niño,  también el niño desempeña su papel.

Esta relación puede llamarse de sustentación. La sustentación sigue al nacimiento y durante los primeros meses se teje el vínculo, el niño descubre si puede confiar en el otro, desarrollando la confianza o desconfianza, moldeando su modo de relacionarse. (en torno a ella se desarrollan redes de contactos informales, la familia extensa, los vecinos, los amigos, que cambian en el transcurso de la existencia.)

En la planta baja encontramos la capacidad de encontrar sentido a la vida. Es el descubrimiento del sentido por medio de las actividades sensorio-motrices y del juego para los niños. También existen otras actividades como las emocionales, éticas y racionales.

A través de las actividades emocionales el ser humano aprende a manejar sus sentimientos, cuando habla sobre ellos es capaz de comprenderlos. Descubrir el sentido ético, discutir sobre las normas y valores es una actividad que los niños realizan en la escuela y que es necesario potenciar. (hablar y reflexionar juntos, con miras a comprender mejor la vida y descubrir que no hay una verdad absoluta y que cada uno puede tener una razón diferente.).

El hecho de filosofar con el alumnado desarrolla otras aptitudes como el razonar, argumentar, analizar, establecer vínculos, escuchar, estar abierto a las críticas, mostrar respeto por los demás etc, permitiendo reforzar la autoestima de los niños.

El nivel en el que el niño se siente capaz de descubrir un sentido está en relación con el entorno y, por tanto, no es una actividad individual, el alumnado es el que responde a los estímulos, pero debe ser alentado por los adultos, de ahí de la necesidad de una educación basada en el diálogo con los demás seres vivos y el entorno.

El estímulo que les invite a la búsqueda de sentido es la prioridad que deberíamos tener en cuenta y dejar de centrarnos en el currículum y volver a la persona. Este nivel es el de los proyectos concretos.

En el primer piso encontramos tres habitaciones: la autoestima, las competencias y aptitudes, el humor y otras estrategias de adaptación. Fundamentadas en el descubrimiento de sentido y en las redes sociales, no pueden desarrollarse sin la satisfacción de las plantas anteriores.

Al igual que en una casa las habitaciones están comunicadas entre sí, la autoestima, factor esencial de la resiliencia, está en estrecha relación con otros elementos como la aceptación del otro.

Las aptitudes y competencias interesan de modo particular a la educación. No solo las aptitudes cognitivas, también las relacionales, profesionales y de supervivencia, que gracias a ellas podremos expresar sentimientos y emociones, y mostrar la capacidad práctica de arreglárnosla en la vida cotidiana.

El aprendizaje formal educativo descuida otros enfoques. Por tanto, es necesario potenciar el aprendizaje no formal, es decir, lo que se aprende de otros, de la experiencia y se trasmite por la cultura, lo que nos enseñaron nuestros familiares y amigos en nuestras casas y que la escuela no estaba obligada a enseñar, lo que se aprende de las personas  más allegadas y de los entornos próximos.

La autoestima, el buen equilibrio mental permite explorar sus posibilidades, las de los demás y las del entorno. Aprender a amar la vida, aprender a estar motivados sin sentirnos bloqueados por obstáculos insuperables va a favorecer nuestro bienestar físico y psíquico.

El sentido del humor es fundamental en las relaciones humanas. Es difícil definirlo y aprenderlo. Gracias a él, construimos relaciones, vínculos, asociaciones inesperadas.

El verdadero sentido de la vida es relativo, vinculado al contexto.  

En el desván está la apertura a otras experiencias. Este espacio no es una estructura rígida y fija y no responde necesariamente a este orden.

Los contextos, los problemas, las culturas son demasiado diferentes y variados, por tanto, no se puede indicar que acciones realizar en cada estancia de la casita.

Esta propuesta de construcción de la resiliencia (casita) puede aplicarse a la resiliencia de un niño, de una familia y de una comunidad. La casita puede servir para encontrar puntos fuertes y débiles de un niño, y es una herramienta para trabajar el enfoque de resiliencia.

Sabemos que la resiliencia es una capacidad que resulta de un proceso dinámico y evolutivo  y que varía según las circunstancias, del contexto en el que tiene lugar, de la etapa de la vida en la que se produce el hecho desequilibrador. (Manciaux et al.2001).

Las personas tienen que superar pruebas difíciles, necesitan comenzar ese proceso de reconstrucción personal y de resiliencia, partiendo de sus potencialidades, pero teniendo una guía, un tutor que les aliente a encontrar sus propios recursos para superar las dificultades. Es ahí, donde los profesionales sanitarios y del contexto educativo juegan un papel fundamental en nuestro alumnado de las aulas o instituciones hospitalarias educativas.

Las personas, los pacientes y el alumnado que han tenido que superar una gran prueba, describen como factores de resiliencia: el encuentro con una persona significativa. La comprensión, el amor, la fantasía, el optimismo, el humor, el afecto, la aceptación de sí mismo, la ilusión, la alegría, la generosidad, el optimismo realista, la esperanza, la creatividad, el gusto por la vida y el trabajo, una visión positiva de la vida, etc… Todos ellos, han contribuido a salir airosos de las situaciones en las que se encontraban.

Pensamos que desde las prácticas educativas los profesionales, deberían aprender a  cambiar su mirada hacia los problemas o enfermedades favoreciendo enfoques metodológicos de intervención y recursos para solventar el bloqueo mental y físico que suelen aparecer. Deben contextualizar los problemas del alumnado y dar sentido a los mismos, resituándolos y sustituyéndolos por enfoques esperanzadores y positivos que ayuden a nuestro alumnado a crecer y a construir su resiliencia.